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Estrés

El estrés parece una consecuencia inevitable del ritmo de vida que se lleva a cabo actualmente.

Asimismo, resulta ser el origen de la mayoría de las afecciones mentales y por lo tanto, físicas que se deben tratar con seriedad una vez identificadas.

El estrés es una respuesta fisiológica que se manifiesta a consecuencia de las presiones ocasionadas por la responsabilidad que se tiene con la sociedad.

La época en donde se manifiesta el estrés por primera vez, salvo en casos en los que se podría manifestar antes, es en la adolescencia. Es la etapa en la que el ser humano alcanza cierta madurez en la que debe cumplir con las exigencias académicas, sociales, familiares así como demandas internas que deben lograrse para lograr cierta satisfacción propia.

A Partir de la adolescencia, el estrés pasa a formar parte de la vida de todo individuo. En realidad, un poco de estrés normal es benéfico para el funcionamiento óptimo, ya que estimula al sujeto a desempeñarse mejor en sus tareas.

Sin embargo, el estrés en su mayoría no es bien manejado o se acumula junto con las preocupaciones y deberes laborales, familiares, sociales, etc. cuyo resultado es opuesto al estrés “normal”. Es decir, el estrés no se nivela por sí solo, sino que, al no ser bien manejado o cuándo se acumula, puede ser paralizante. De manera que si no es liberado, inhibe un buen funcionamiento mental y orgánico.

Existen tres etapas del estrés (Agudo, Agudo Episódico, Crónico)

Algunos síntomas importantes del nivel de estrés que sobrepasa el límite normal.

Estrés Agudo:

• El enojo o irritabilidad, ansiedad y depresión, son los síntomas básicos del estrés. Los trastornos del sueño como el insomnio, pesadillas en el caso de lograr conciliar el sueño.

• Problemas musculares como son dolores de cabeza tensos, dolor de espalda, dolor en la mandíbula y las tensiones musculares que derivan en desgarro muscular y problemas en tendones y ligamentos.

• Problemas estomacales e intestinales como acidez, flatulencia, diarrea, estreñimiento y síndrome de intestino irritable (gastritis, colitis).

• Sobreexcitación pasajera que deriva en elevación de la presión sanguínea, ritmo cardíaco acelerado, transpiración de las palmas de las manos, palpitaciones, mareos, migrañas, manos o pies fríos, dificultad para respirar y dolor en el pecho.


Estrés Agudo Episódico:

El paciente que sufre del estrés agudo episódico, normalmente lleva una vida desordenada, en donde los deberse se acumulan por postergar lo inevitable. Siempre van llegando tarde, por lo que siempre expresan tener prisa y desesperación por terminar muchos pendientes. En la mayoría de los casos, se trata de personas que “normalizan” este estilo de vida usando un tono de importancia a su exclamación de preocupación incesante.

Personalidad “Tipo A”

Este tipo de personalidad, tiende a sufrir de problemas coronarios, infartos fulminantes, problemas de presión sanguínea, dolores de cabeza constantes, opresiones en el pecho durante el día o antes de dormir, entre otros. Estas personas viven bajo tensión constante por el exceso de ser siempre los primeros en todo, son agresivos e impacientes. Tratan de posicionarse en lugares de poder sobre de otros para sobresalir y tener todo en control. Necesitan ayuda psicológica pero el problema más preocupante, es que difícilmente acepten la ayuda o crean que la necesitan. Al “normalizar” su estrés persistente, racionalizan lo que sucede, no creen necesario tratar el problema, en muchas ocasiones necesita ser tratado con urgencia y dilatarse por meses para lograr avances.


Personalidad “Tipo B”

Son personas que se pueden denominar como “pesimistas” el mundo lo ven a través de un lente de depresión, con expectativas muy bajas de que algo salga bien. Esperan la desgracia de cualquier situación y viven bajo tensión constante provocados por miedo de que algo salga mal. Siempre están preocupados y nerviosos.

Estrés Crónico:

Muchas veces problemas de los padres que pasaron a los hijos se quedan encapsulados en la impotencia de hacer algo al respecto lo cual, más adelante se convierte en una sensación de malestar y pendientes no resueltos que no se pueda ubicar. Si a esto se le añaden los problemas de estrés de la vida cotidiana, la tensión del estrés acumulado ya no parece tener solución.

El estrés es constante así que la persona abandona toda esperanza de poder cambiar o recuperarse teniendo una vida en la que pueda lograr disfrutar. Lo ven como algo que ya no cambiara y se acostumbran a vivir así.

Al pasar de los años, el estrés si no encuentra salida, se deposita en el cuerpo o en algún órgano en particular. Esto son casos de infartos, parálisis facial o de extremidades e inclusive cáncer. Tratar estos casos, lleva mucho más tiempo en tratamiento y por lo regular una solución que integre tratamiento médico, además del psicológico, ya que el cuerpo a estos niveles, ya requiere de corrección de problemas de salud.


La recreación física, el yoga, técnicas de relajación, la meditación, o hasta la compañía grata de las amistades, son buenas maneras de contrarrestar el estrés laboral, académico o social. Sin embargo, cuando el estrés sobrepasó los niveles normales, no permite ni hay interés en realizar estas actividades.

En estos casos, es importante acudir a la ayuda profesional de una psicoterapia para resolver el problema de la inhabilidad de controlar el estrés. Sobre todo es importante por ser la única manera de prevención ante la posibilidad de que éste, ocasione problemas mayores como son la ansiedad, depresión, entre muchos otros. Y no olvidemos las enfermedades orgánicas tan amenazantes que pueden ser provocadas por la presión constante que ejerce el estrés sobre el organismo.
Por: OPP México
Por: OPP México